martes, 8 de marzo de 2011

A fondo

Joaquín Soler Serrano: Buenas noches y bienvenidos a una nueva edición del programa "A fondo". Esta noche tenemos con nosotros a Antonio Sianes. No ha sido fácil tenerlo esta noche aquí, al principio se resistía tenazmente, aunque finalmente aceptó venir a estar conversando con nosotros acerca de sí mismo y de su obra. Lo agradecemos mucho, querido Antonio Sianes. Muchas gracias por venir.

Antonio Sianes: (moviéndose incómodo en su asiento, cabizbajo, emite un gruñido).

JSS: Al parecer, Antonio, ha vuelto a eso que usted llama "los mundos virtuales", así que creo que la primera pregunta es obligatoria: ¿qué le ha llevado a escribir de nuevo? o quizá... ¿qué le llevó a dejar de escribir?

AS: Hola Joaquín. Bueno, ante todo muchas gracias por invitarme a su programa, lo tomo como un honor que sin duda no merezco. Si he crecido algo literariamente desde que empecé a emborronar cuartillas, en parte lo debo a entrevistas suyas, como las inolvidables del "soñé que me moría" de Borges, o el "no soy un hombre de ideas" de Cortázar. Y míreme ahora, aquí estoy yo, sentado en este sillón orejero después de hacer presentes a estos dos monstruos de las letras, y se supone que tengo que intentar decir algo que no los rebaje. No sé... Respondiendo a su pregunta, imagino que lo que me llevó a dejar de escribir fue que dejé de tener algo que decir, si es que acaso alguna vez lo tuve. O quizá dejé de sentir la necesidad de tender puentes, de buscar la comunicación por esta vía. Yo qué sé... La cosa es que últimamente volvía a sentir esa necesidad de lanzar cada tanto una botellita al vacío oceánico de la red, ¿sabe? Con calma, y a otro ritmo. Quizá ya no tanto para epatar, sino para encadenar letras de nuevo de una forma lógica, no como espirales de pensamiento sino con una cierta linealidad, una cierta estructura. Dicen que quien escribe lo hace para sentirse menos solo. En mi caso creo que escribo precisamente para sentirme un poco más solo, es el momento en el que conecto conmigo y ordeno la nebulosa de pensamientos e ideas, sentimientos y vivencias, que cada tanto se acumulan en mi nuca.

JSS: Aquellos que hemos seguido su trayectoria como escritor hemos notado un cierto cambio en su estilo, como una suerte de giro hacia la simplicidad. Parece que abrace eso que Juan Ramón Jiménez llamaba la poesía desnuda, una poesía vacía de giros artificiosos o, aprovechando que usted traía a Cortázar, como si hubiera entendido que "el adjetivo, cuando no da vida, mata".

AS: Bueno, no sé si es tanto un giro hacia esa simpleza que menciona, o que he perdido destreza literaria. Los músculos se atrofian de no usarlos, y yo siento como si tuviera los nudillos un poco anquilosados. Las letras no fluyen como antes, sino que me las sacudo de la punta de los dedos.

JSS: Pero esa insistencia en manifestar que vuelve, y le cito, "dejando de lado los juegos de artificio", en cierta manera tiene que traducirse en su escritura.

AS: Quizá es que no estamos hablando exactamente de lo mismo. Cuando hablamos de acercarnos a la escritura con las palmas de las manos hacia arriba no nos estamos refiriendo a una cuestión de estilo, aunque inevitablemente haya vasos comunicantes entre contenido y continente. Pero bueno, no creo que esté aportando nada nuevo al decir que el mensaje, el contenido, condiciona al estilo. ¿Imagina la epopeya de Gilgamesh escrita en lenguaje coloquial? Cuando hablamos de las palmas hacia arriba hablamos de una cuestión de fondo. Si me obligara a buscar una definición en dos líneas, a modo de titular de periódico, creo que hablamos de escribir como un fin en sí mismo, no como un medio. O no al menos como un juego de espejos y silencios, haciendo de la trampa y el cartón un laberinto de ausencias y reflejos.

JSS: Pero ¿por qué esa necesidad de hacerlo tan patente, de traerlo constantemente a colación? Parece una especie de redención personal, como el cierre de una deuda que tuviera con sus lectores, como si hasta ahora los hubiera utilizado como espectadores de un teatro de marionetas.

AS: Bueno, en verdad es fácil de explicar. Sin duda se trata de una redención personal, como bien dice, pero los deudores en este caso no son mis lectores, especialmente porque nunca he sabido siquiera con cuantos de ellos cuento. Se trata de una redención en la que el único crédito que tengo que saldar es el mío propio. Por eso quizá esa necesidad de hacerlo tan patente, de tenerlo siempre visualizado en la cabecera de la cama. Como el adicto a la metadona necesita reafirmar constantemente su decisión de liberarse de tamaño presidio para poder siquiera hacerle frente, para poder visualizar y hacer alcanzable la meta, en el fondo necesito esa explicitación como impulso, como toma de conciencia de hacia dónde quiero ir. Es muy fácil caer en las viejas trampas, Joaquín, como fácil es reengancharnos a la droga que bien conocemos y sabemos los réditos que nos ha generado, aunque en el fondo nos estuviera llevando por un camino de perdición.

JSS: Muchas gracias, Antonio, ahora me gustaría saludar a La chica de la tienda de mascotas, la otra pieza de esta nueva aventura literaria que...

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